Patricio Altamirano Arancibia, Analista de los cuerpos que padecen, 13 de octubre de 2026
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El escenario político chileno atraviesa un punto de inflexión. La decisión del gobierno de José Antonio Kast de cerrar la Fundación PRODEMU ha detonado una indignación transversal, desatando una fuerte y articulada reacción feminista frente a la agenda conservadora del Ejecutivo. Con su acción, Kast ha movilizado a cientos de líderes mujeres que, desde la CONFECH, la CONFUSAM, centros de estudio y todo el tejido social se alzan en su contra. Este conflicto no solo encendió la calle, sino que provocó un fenómeno inusual: la carrera hacia La Moneda se ha abierto de manera anticipada.
En este tablero convulsionado, dos figuras clave han sacudido el panorama con miras al futuro, posicionando visiones contrastantes desde veredas opuestas. Por un lado, Michelle Bachelet encarna el feminismo de la izquierda institucional. Por el otro, Evelyn Matthei encarna un quiebre particular: aunque Chile Vamos jamás se declare feminista y ella misma provenga de una matriz donde a las mujeres se les ha asignado tradicionalmente el rol de «gerentes del hogar» en una suerte de élite protegida a lo María Luisa Bombal, Matthei ha logrado desbordar esa estructura restrictiva, configurando un liderazgo con rasgos propios de un feminismo de derecha.
En medio de esta pulseada institucional y de élite, resuena la carencia profunda de un feminismo popular y arraigado en las bases: faltan esas EVAs de las ollas comunes, aquellas que evocan la entrañable y sufrida rebeldía de la canción de Silvio Rodríguez. A pesar de esa distancia con el territorio más hondo, ambas figuras convergen hoy de manera circunstancial en canalizar el rechazo frontal a las medidas de La Moneda.
Este rearme opositor ocurre, además, en el peor momento para el oficialismo. A poco más de medio año de haber asumir el poder, la administración de Kast enfrenta un desgaste acelerado: sondeos recientes sitúan su aprobación en torno al 27% y una desaprobación superior al 60%.
Mientras el gobierno intenta blindar su gestión reiterando que la prioridad es gobernar y responder a las urgencias sociales, la política nacional ya vive un reacomodo de fuerzas marcado por la presión ciudadana y de género. Las cartas están sobre la mesa y los rostros femeninos se alzan con fuerza contra Kast para debatir el futuro presidencial mucho antes de lo previsto.