SAN ISIDRO CONTRA EL EXCEL: LA LLUVIA QUE DESARMA LA TECNOCRACIA FISCAL

Patricio Altamirano Arancibia, Analista de los cuerpos que padecen, 10 de octubre de 2026

Mientras en las oficinas con aire acondicionado de Santiago se siguen ajustando planillas de Excel para cuadrar balances fiscales perfectos, San Isidro —el viejo santo patrono de los temporales— se encarga de recordarnos una vez más la crudeza de la desconexión tecnocrática.

La respuesta a esa ceguera de oficina no demoró en llegar, pero no vino desde los gabinetes ni de las mesas de negociación. Se ha materializado en las precipitaciones implacables, la humedad y las bajas temperaturas que persisten de manera terca, desatando incluso graves aluviones en sectores precordilleranos como Las Condes, con tanta furia que pareciera que la lluvia y el barro anduvieran buscando la propia casa del ministro de Hacienda, Jorge Quiroz.

Fue el propio Quiroz quien, recientemente, intentó justificar el fin del mecanismo de estabilización y la violenta disparada en el precio de la parafina con un argumento que insulta la inteligencia popular: «hoy día nadie consume parafina, porque con estas temperaturas la verdad es que el consumo es mínimo». La tormenta se convirtió así en un juez incorruptible que desmiente, golpe a golpe sobre los techos de zinc y los cauces desbordados, la fantasía climatológica de las autoridades que decretan el fin del invierno por decreto.

Sin embargo, reducir el problema a una simple frase desafortunada —que el propio secretario de Estado intentó matizar más tarde escudándose en fríos porcentajes y gráficos de estacionalidad— sería un error superficial. El trasfondo de esta medida desnuda la falla estructural de un modelo económico que administra la vida de las personas a punta de promedios, ignorando que la energía y los combustibles básicos no son variables ajustables en una tabla de cálculo, sino condiciones elementales de supervivencia.

Para el ministerio, la parafina es un ítem prescindible de baja incidencia estacional; para miles de familias, especialmente adultos mayores y sectores populares que resisten el rigor de un clima impredecible, es la única barrera contra la hipotermia. San Isidro, con su lluvia incesante y los aluviones de octubre, ridiculiza la retórica de un gabinete que prefiere sacrificar el bienestar social en nombre de un orden fiscal ciego a la realidad material de las regiones.

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