El Gobierno de facto de Kast expulsa a Felipe Melo: El fin de la «Ley de Amarre»

Por Patricio Altamirano Arancibia | 8 de enero de 2026

Este texto, si bien es de mi autoría y responsabilidad, traslada las reflexiones de conversaciones con mis amigos y amigas. De ellas extraigo ideas que considero necesario compartir, refinadas con herramientas tecnológicas para dar solidez a estos conceptos. Creamos así una comunidad de diálogo, virtual y real, que nos permite sobrevivir y comprender este presente tan complejo.


La estrategia de asumir que Kast tiene un «Capital político Prestado»

El analista Pepe Auth —quien ni siquiera en privado admite que la pesadilla de Kast es el rechazo cívico y el voto flotante— ha señalado, en su rol de intelectual orgánico de la derecha, que el triunfo de José Antonio Kast no debe leerse como un cheque en blanco. Para Auth, es un síntoma del voto de castigo contra la gestión de Gabriel Boric. El analista sabe que Kast opera con un «capital prestado» y una baja adhesión propia, especialmente crítica en la Región Metropolitana, donde un 63% de la ciudadanía aún no lo reconoce como líder.

Ante esta fragilidad, Kast ha decidido ignorar la «guerra cultural» (propia y de figuras como Kaiser), postergando las demandas de su base radical. Su enfoque ha mutado: ya no es solo un gobierno de emergencia nacional, sino una administración que tritura la gestión de Boric. Al seducir al votante volátil que en 2021 apoyó a Boric y hoy le otorga su favor, Kast ha instalado una administración de facto que busca dar certezas inmediatas, ejecutando una microcirugía política de alta precisión.

El hito del 6 de enero: La caída de Felipe Melo

El pasado 6 de enero de 2026 marcó un punto de no retorno: el «borismo» estratégico fue aniquilado. En un movimiento de precisión quirúrgica, el equipo de Kast logró la remoción de Felipe Esteban Melo Rivara, jefe del Segundo Piso de La Moneda.

Al descabezar el centro neurálgico del Palacio, Kast no solo dio un golpe político, sino que canalizó la rabia popular contra el Frente Amplio. Desarticuló así el plan de «atrincheramiento» que buscaba blindar a los cuadros oficialistas antes de marzo. Melo, exdirector del Servicio Civil, era el arquitecto de la polémica «Ley de Amarre»: aquel proyecto de reajuste que pretendía convertir gastos variables en permanentes y dificultar la salida de funcionarios políticos. Kast se alineó con el malestar social, instalando una matriz de eficiencia y gestión directa frente a las demandas más sentidas de la sociedad.

El impacto del golpe: Desarticulación y Reparación

La frase de Kast en ICARE, «Lo que no hizo Boric en cuatro años, lo quieren hacer en estos meses», es el grito de batalla contra quienes intentan «atornillarse» al cargo. La salida de Melo genera un efecto dominó:

  • Muerte de la «Ley de Amarre»: Sin su ideólogo, el proyecto queda herido de muerte. Esto permite a la administración entrante intervenir la agenda legislativa y evitar que el Estado sea capturado por gastos permanentes.
  • Debilitamiento del Segundo Piso: Boric pierde a su principal estratega fiscal. La capacidad de reacción de La Moneda frente a la ofensiva de Kast —quien ya revisa de facto la pauta económica— es hoy nula.
  • Hegemonía en el Congreso: Mientras el oficialismo retrocede, figuras como Claudio Alvarado ya operan para asegurar que el aparato estatal responda a la lógica de la nueva administración, neutralizando cualquier intento de blindaje de última hora.
  • Justicia para el funcionario de carrera: Para quienes llevan más de una década en el Estado, la remoción de Melo es un gesto de reparación. La frustración ante el maltrato y la postergación técnica en favor de la lealtad partidaria ha sido profunda. Este hito representa el fin de la arrogancia de un ciclo que despreció la memoria institucional.

Una nueva realidad institucional: Entre el alivio y el temor

La señal es inequívoca: el plan del Frente Amplio para resistir desde dentro del Estado ha sido neutralizado. Kast ha demostrado que su gobierno de facto posee la fuerza para remover los cimientos de La Moneda antes de recibir la banda presidencial.

La derrota de Boric parece total: perdió a su estratega, su ley de blindaje y la iniciativa. Sin embargo, el escenario es agridulce. Los funcionarios públicos padecen una encrucijada: ahogados entre la mala gestión del gobierno que se va y el temor a la naturaleza represiva que pueda adoptar el de Kast. El próximo 20 de enero, cuando se anuncie el gabinete oficial, solo se pondrá el timbre legal a un control que, en la práctica, ya es absoluto.


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