Autor: Patricio Altamirano Arancibia. 8 de enero 2026
En mi publicación “Cuerpos que Padecen la Traición: Del Mercenarismo de Maduro al Silencio en la Antártica”, se me señaló una aparente falta de conexión entre las «peras» (el mercenarismo madurista) y las «manzanas» (el desacato electoral de los militares en el territorio antártico). Sin embargo, el nexo es indisoluble: la corrupción transversal de las élites es un cáncer que se replica con la misma intensidad en Caracas que en Santiago. Para profundizar en el análisis de las «peras» y la intervención del G2 cubano, pueden remitirse a mi blog “Crónica de una Traición Pactada: La Purga del Bolivarianismo y la Masacre del G2 cubano”. Ahora, es momento de analizar las manzanas.
La Comuna Antártica constituye una anomalía administrativa y sociológica sin parangón en el territorio chileno. Al carecer de una municipalidad propia y operar bajo la tutela administrativa de la alcaldía de Cabo de Hornos, su capital, Puerto Covadonga, se configura como un ecosistema habitado por una población flotante de alta especialización científica y militar.
Sin embargo, en este confín geográfico, la infraestructura de Villa Las Estrellas trasciende su función de refugio contra la hostilidad climática; se ha transformado en el escenario de un quiebre sociopolítico profundo, invisible para el radar de la opinión pública. Este fenómeno representa un «punto ciego» en los modelos de analistas tradicionales como Pepe Auth, Alberto Mayol o Axel Kaiser, y escapa a las interpretaciones de figuras como Mauricio Morales, Cristóbal Bellolio o Kenneth Bunker. Mientras la élite analítica se concentra en las dinámicas del Chile continental, la Antártica emite una señal de frecuencia distinta: una desconexión terminal que el centralismo intelectual aún no logra decodificar.
Lo ocurrido este 14 de diciembre en la Antártica fue sistemáticamente invisibilizado por los medios nacionales y la élite santiaguina. No obstante, este enclave se ha erigido como el faro de una narrativa que emana desde el «inframundo» del Chile profundo. La Antártica, con una élite técnica en rebeldía pasiva, nos grita que el sistema político tradicional ha perdido su soberanía real y que el desencanto ha vaciado las urnas.
1. Un Oasis del Estado Benefactor Total
La Antártica se erige como el escenario donde se concreta la utopía de la burocracia funcional. Es el único lugar de Chile donde el funcionario público de carrera no compite con la élite económica por estatus, pues él mismo constituye la cúspide social. Operativamente, funciona como un socialismo sin élite gobernante o un capitalismo socialdemócrata donde el mercado ha sido desplazado por la provisión estatal total. En este entorno extremo, en la Antártica se puede vivir máximo dos años, una restricción temporal que intensifica la percepción de este oasis como un paréntesis de orden y eficiencia.
- Gratuidad y Cobertura: El Estado asume la totalidad de los costos de vida (vivienda, energía, agua y calefacción).
- Gestión Institucional de la Vida: El «cuerpo que padece» es protegido por una logística centralizada; la alimentación y las necesidades básicas están cubiertas, dejando al consumo de mercado en un plano residual y decorativo.
- Capitalización Patrimonial Meritocrática: El acceso al territorio está regido por altos estándares de selección. Esta meritocracia permite que una estancia genere un ahorro significativo, permitiendo al funcionario retornar al continente con un capital que el mercado tradicional le habría negado sistemáticamente.
2. Clase Alta: La Ausencia de la Élite Propietaria
En la comuna, la clase alta tradicional —aquella definida por la propiedad y el linaje— es inexistente. Mientras que el poder económico reside exclusivamente en el mundo ABC1 de la zona central, en la Antártica existe una transferencia tecnológica y material directa. Los bienes y servicios que en el continente son símbolos de exclusividad, aquí son invertidos por el Estado directamente en las capas medias institucionales. El estrato superior en este territorio es estrictamente funcional; el poder no emana de la cuna, sino de la delegación de soberanía estatal.
3. El Mundo de las Capas Medias Especializadas
El corazón demográfico de la comuna reside en capas medias de alta especialización, con ingresos que reflejan una responsabilidad crítica. Esta estructura se desglosa en una jerarquía de rentas líquidas:
- Mando Superior (Coroneles y Directivos G2-G4): Entre $4.500.000 y $7.000.000.
- Mando Ejecutivo (Mayores, Capitanes y Jefaturas): Entre $3.000.000 y $4.400.000.
- Profesionales Especializados (Científicos, Meteorólogos, Docentes): Entre $2.200.000 y $3.500.000.
- Capas Medias Técnicas: Rango de $1.400.000 a $2.100.000.
4. La Disolución de la Clase Trabajadora Explotada
Bajo este régimen de servicio, la clase trabajadora precarizada desaparece por completo. No existe el empleo informal ni la mano de obra desprotegida. El trabajo físico se transforma en una responsabilidad compartida y dignificada, entendida como la respuesta colectiva necesaria frente a la hostilidad extrema del entorno polar.
5. El Fenómeno del Rechazo Cívico: La Lucidez Crítica
La afinidad con las autoridades políticas ha tocado fondo, evidenciando una desconexión estructural. A nivel comunal, la adhesión alcanza apenas un 33%; sin embargo, al analizar el respaldo presidencial, la cifra se desploma a un escaso 13%. Esta mínima adhesión se refugia en un debilitado núcleo de derecha, que votó por el alcalde de la UDI (16%) y un referente Republicano para presidente (9%). Resulta paradójico que en una zona de «derecha militar» y estructuras jerárquicas, ni la UDI ni Republicanos logren ejercer influencia. La realidad es tajante: la comuna registró el rechazo cívico más alto del país con un 87% en segunda vuelta. En el epicentro del capital cultural castrense, 167 de 195 electores decidieron no votar, optando por el silencio o el voto nulo; un desacato total a la autoridad política.
El Choque del Ethos: Tradición vs. Corrupción Sistémica
Este estancamiento es la respuesta al choque entre los valores de honradez y la degradación ética de las cúpulas de las Fuerzas Armadas. La «lucidez crítica» de este electorado se sustenta en el peso de los hechos que han visto de cerca: la misma metástasis institucional que ha carcomido a Caracas se manifiesta aquí en una élite militar y política que ha transado el honor por el lucro. El personal en la Antártica no es ajeno a esta realidad; son testigos privilegiados de cómo la corrupción sistémica ha permeado las estructuras de mando:
- Milicogate y Pacogate: Fraudes masivos que pulverizaron la narrativa de la «derecha moral» y el orden, revelando una cultura de apropiación indebida similar a las dinámicas de enriquecimiento ilícito maduristas.
- Decapitación Moral del Mando: El procesamiento de excomandantes en jefe por malversación. Los militares en el hielo ven el reflejo de una cúpula que ha priorizado la lealtad al bolsillo.
- Vínculos con el Crimen Organizado (2024-2025): Casos de protección a convoyes de contrabando que anulan cualquier discurso de seguridad.
Chile destaca hoy por ser el país con más altos mandos militares bajo juicio. El rechazo del 87% no es apatía; es una sanción moral ejecutada por una élite técnica que ve cómo la institución se ha transformado en un botín.
Conclusión: El «Feudalismo Estatal» y el Quiebre Terminal
Esta desconexión nace de la convivencia con un Estado Benefactor permanente que actúa como escudo. Al estar sujetos a reglas institucionales eficientes, esta élite técnica ha utilizado la meritocracia tecnocrática como la única vía legítima para acceder a los privilegios del territorio polar. En la Antártica, el ascenso y la permanencia no dependen del favor político —como ocurre en la degradación de Caracas— sino del rigor profesional. Para el funcionario, el despliegue al continente blanco es una estrategia de supervivencia: es la oportunidad de generar un ahorro que se transforma en el capital necesario para blindarse frente a la inestabilidad de una nación mal administrada.
Este silencio electoral es el refugio en el «feudalismo estatal moderno»: un sistema donde la existencia está garantizada por el reglamento y el ahorro acumulado, no por el programa de un gobierno capitalino. El militar antártico ha entendido que su seguridad patrimonial emana de su propio mérito. Para esta élite técnica, figuras como Kast o Jara son rostros intercambiables de una minoría que busca perpetuar apellidos sin alterar estructuras corruptas.
Lo ocurrido en la Antártica es el trauma de un país que ha descubierto que la participación no altera el destino. Este silencio antártico no es vacío; es el peso de una verdad que la burbuja política ignora. Como todo silencio en el hielo, suele ser el preludio de la tormenta.
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Excelente análisis.
«Para esta élite técnica, figuras como Kast o Jara son rostros intercambiables de una minoría que busca perpetuar apellidos sin alterar estructuras corruptas.»
Sólo comentar que me parecería más correcto usar el término cúpula para referirse a los grupos corruptos y reservar el de ELITE en su sentido más estricto . ( )Élite» (o «elite») viene del francés élite, que a su vez deriva del verbo élire (elegir), significando «lo escogido» o «la minoría selecta» dentro de un grupo o sociedad, destacando por su superioridad en algún aspecto (social, cultural, económico,técnico, moral, deportivo).