La paradoja del poder: El 63% de la Región Metropolitana no reconoce a Kast como líder.

Análisis de Patricio Altamirano Arancibia | 22 de diciembre de 2025

La Segmentación del Triunfo y el Vacío Simbólico

La victoria de José Antonio Kast operó bajo una lógica de archipiélago social. Si bien la efervescencia en el eje Escuela Militar/Apoquindo congregó a más de 20.000 adherentes en un rito de reafirmación identitaria —marcado por la consigna «el que no salta es zurdo»—, este fenómeno fue incapaz de desbordar sus propios límites geográficos y de clase. Aunque dispositivos mediáticos como la portada de LUN sobre el «festejo republicano» o las crónicas regionales de El Mercurio intentaron construir una narrativa de despliegue nacional, la realidad sociológica subyacente fue una fragmentación crítica del espacio público.

Estas celebraciones, confinadas a bastiones específicos, evidencian un triunfo desprovisto de épica pedagógica. A diferencia de los proyectos que movilizaron masas bajo la promesa de transformar estructuras como el sistema de pensiones (la superación del DL 3500), este resultado se percibe como una victoria de mantenimiento. Más allá de la liturgia del candidato y la estridencia de sus facciones radicales, el país experimentó un silencio transversal. Se observa así una victoria «incolora e inodora»: un ajuste administrativo del poder que, pese a su incuestionable legitimidad en las urnas, carece de dominio simbólico y de un sentido de pertenencia en el tejido social mayoritario.

La Geopolítica del Conflicto: Territorio vs. Ciudad

Este escenario representa un síntoma terminal para la gobernabilidad futura. En términos de sociología del poder, ningún mandatario puede sostener un proyecto de Estado estable si el núcleo simbólico y operativo de la Región Metropolitana le es ajeno. El mandatario electo queda expuesto a la vulnerabilidad de una «ciudad hostil»: una marea de movilizaciones capaz de sitiar el centro de gravedad político en minutos. La paradoja del nuevo gobierno es total: mientras Kast posee el territorio (la extensión geográfica y el voto rural-periférico), la oposición —encarnada en Jeannette Jara y el «Rechazo Cívico»— posee la ciudad (los centros neurálgicos, la conectividad y la movilización de masas). Esta disonancia entre el voto y el asfalto premoniza una presidencia de repliegue, donde la administración se ejerce desde palacio pero no se vive en la calle.

La paradoja del poder: Un presidente sitiado en su propia capital

Bajo esta óptica, el escenario descrito representa un quiebre estructural. Si Kast decide habitar el centro cívico, su presencia no será la de un líder nacional, sino la de un catalizador para la resistencia. Se proyecta la imagen de un presidente encapsulado: protegido por vidrios blindados, distanciado por perímetros de seguridad y confinado al búnker subterráneo como último refugio de resiliencia. El resultado de diciembre consagra una paradoja geográfica: mientras Kast domina la victoria de los votos válidos en la extensión del mapa, la disidencia posee la vitalidad de la urbe, de la Región Metropolitana.

A esta complejidad se suma una paradoja política de espejo histórico. Tal como le ocurrió a Gabriel Boric —quien tras una victoria inapelable se vio imposibilitado de ejecutar su programa transformador—, Kast enfrenta hoy el mismo abismo. El triunfo en las urnas ya no es garantía de un gobierno victorioso; es simplemente la adquisición de una oficina rodeada por un entorno hostil.

La lección del pasado reciente es brutal: Boric, aun habiendo ganado en la Región Metropolitana, no logró convocar a las masas para quebrar la resistencia de un Parlamento adverso y terminó negociando con los mismos actores de siempre. Kast inicia su mandato en una posición aún más precaria: sin el control de la calle y con una metrópolis que le da la espalda, carece del músculo social para doblegar a un Congreso obstructivo. Inevitablemente, seguirá la senda pragmática de su antecesor.


1. El Chile de los tres hemisferios: Un mapa quebrado

Para comprender la magnitud de la «derrota urbana», es necesario contrastar la Región Metropolitana con el resto del país, donde el fenómeno electoral tomó formas muy distintas:

  • El Sur: El «Cinturón de Hierro» Republicano: En regiones como Ñuble (59%), Maule (56%) y La Araucanía (54%), el triunfo de Kast efectivamente fue aplastante. Es el triunfo del orden sobre el conflicto. Sin embargo, este poder se diluye al cruzar el peaje de Angostura.
  • El Norte: Del Populismo al Nihilismo: En el norte grande, la legitimidad es frágil. Si bien Kast ganó en Antofagasta (41%) y Tarapacá (45%), lo hizo capturando un voto por descarte. El Rechazo Cívico explotó con un 27% de abstención, nulos y blancos.
  • La Región Metropolitana: El Muro de Contención: En la RM urbana, el proyecto de Kast se redujo a un magro 37%. La región prefirió a Jeannette Jara (42%), quien movilizó el pulso de una metrópolis que se siente ajena al modelo conservador. Al sumar el rechazo ideológico de Jara y el Rechazo Cívico (21%), el nuevo mandatario enfrenta a un 63% de la Región Metropolitana que no lo reconoce como líder.

2. La «Victoria Hacendal» contra la sofisticación urbana

El éxito de Kast es una «victoria hacendal»: un triunfo cimentado en las estructuras tradicionales del «Chile profundo», pero que colisiona violentamente contra la sofisticación de la gran urbe capitalina. Gobernar desde una «hacienda electoral» hacia una región que te ignora es la fórmula para el bloqueo permanente. Con un padrón nacional bajo voto obligatorio, el rechazo de 3.305.808 de personas (entre nulos, blancos y abstención) despoja al triunfo de cualquier pretensión de unidad nacional.

3. La Tríada del Rechazo: Una oposición estructural

En la Región Metropolitana, la resistencia es una arquitectura de tres pilares:

  1. Oposición Ideológica (42%): Un voto militante que exige transformaciones estructurales.
  2. Desafección Cívica (21%): El peso de más de 1,2 millones de abstención, votos nulos y blancos solo en la RM (1.254.007).
  3. Músculo Movilizado: Una metrópolis con memoria de protesta lista para reactivarse.

Conclusión: Gestiones inversamente iguales

Los gobiernos de Boric y de Kast, pese a sus abismos ideológicos, serán gestiones inversamente iguales: una izquierda que no pudo transformar y una derecha que no podrá refundar. Este estancamiento solo alimentará al Rechazo Cívico.

Mientras el poder legal se repliega y se atrinchera tras los muros de La Moneda, el poder real continúa latiendo en las calles de una Región Metropolitana que no ha sido conquistada. En este 2025, la banda presidencial otorga el cargo, pero la región sigue negando el mando.

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